{"id":748,"date":"2018-04-15T12:14:13","date_gmt":"2018-04-15T15:14:13","guid":{"rendered":"http:\/\/gabrieliezzi.com\/portal\/?p=748"},"modified":"2018-04-15T12:14:56","modified_gmt":"2018-04-15T15:14:56","slug":"el-padre-de-todos-los-estafadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/gabrieliezzi.com\/portal\/2018\/04\/15\/el-padre-de-todos-los-estafadores\/","title":{"rendered":"El padre de todos los estafadores"},"content":{"rendered":"<p>Lleg\u00f3 a los Estados Unidos con dos d\u00f3lares y medio en efectivo y\u00a0<strong>un mill\u00f3n en esperanzas.<\/strong><\/p>\n<p>En menos de 20 a\u00f1os lograr\u00eda igualar ambas cuentas y poco despu\u00e9s pesar\u00eda\u00a0<strong>200 veces m\u00e1s billetes<\/strong>\u00a0que lo que hab\u00eda so\u00f1ado.<\/p>\n<p>Y todo gracias a su gran invento: el truco de robarle a Peter para pagarle a Paul. El mismo que seg\u00fan la Justicia habr\u00eda utilizado Enrique Blaksley Se\u00f1orans para quedarse con al menos 550 millones de pesos de m\u00e1s de 2.000 ahorristas argentinos. Y el que le permiti\u00f3 a Bernard Madoff hacerse con\u00a0<strong>m\u00e1s de 65 mil millones de d\u00f3lares desde su firma de inversiones de Wall Street.<\/strong><\/p>\n<p>Nadie tiene muy claro d\u00f3nde naci\u00f3 Carlo Pietro Giovanni Guglielmo Tebaldo Ponzi, aunque la versi\u00f3n m\u00e1s aceptada indica que lo hizo el 3 de marzo de 1882 en Lugo, en la provincia italiana de Ravenna, en una casa pobre desde donde decidieron\u00a0<strong>enviarlo a buscar futuro\u00a0<\/strong>al Nuevo Continente antes de que cumpliera 20 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Tardar\u00eda mucho en regresar. En 1903 desembarc\u00f3 del SS Vancouver en Boston, Massachusetts, con menos de lo que hab\u00eda previsto debido a\u00a0<strong>su mala suerte en los juegos de cartas de a bordo<\/strong>. Apenas pudo perder unas horas antes de tomar el primer empleo que se le puso al alcance, como lavaplatos en un restor\u00e1n. Pese a su alergia cr\u00f3nica por el trabajo, al tiempo logr\u00f3 progresar y convertirse en mozo. Sin embargo, lo que pronto se revelar\u00eda como una obsesi\u00f3n por el dinero f\u00e1cil<strong>\u00a0lo acabar\u00eda traicionando<\/strong>: su jefe descubrir\u00eda que se quedaba con un porcentaje del vuelto de cada cliente que atend\u00eda.<\/p>\n<p>Un par de trabajos eventuales m\u00e1s lo convencieron de la necesidad de buscar otro escenario. En 1907 se mud\u00f3 a Montreal, Canad\u00e1, y consigui\u00f3 un puesto en el banco creado por un compatriota llamado Luigi Zarossi, el Banco Zarossi, en el que se encontrar\u00eda con una revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cLouis\u201d Zarossi tomaba dep\u00f3sitos bajo la promesa de devolverlos con un 6% de inter\u00e9s, el doble de lo que ofrec\u00eda el mercado. El \u00fanico detalle era que esos intereses\u00a0<strong>los pagaba con el dinero que aportaban los nuevos clientes<\/strong>, en su gran mayor\u00eda inmigrantes italianos, y que en realidad no hab\u00eda inversi\u00f3n alguna, por lo que no hab\u00eda otro final posible m\u00e1s que una fuga con el grueso del capital obtenido.<\/p>\n<p>Un d\u00eda Zarossi escap\u00f3 rumbo a M\u00e9xico, con la bolsa llena y la familia abandonada en la indigencia. Para todos fue un esc\u00e1ndalo, pero para Carlo Ponzi ser\u00eda<strong>\u00a0una revelaci\u00f3n en el largo plazo<\/strong>. En el corto se hab\u00eda quedado desempleado y sin un centavo, por lo que tom\u00f3 la decisi\u00f3n de hacerse con la chequera de una empresa que ten\u00eda cuenta en el banco y emitir un cheque a su favor.<\/p>\n<p>Mucho menos h\u00e1bil que Zarossi, Ponzi fue descubierto, arrestado y condenado a tres a\u00f1os de prisi\u00f3n. En 1911 lo liberaron y se volvi\u00f3 a Estados Unidos, donde tard\u00f3 demasiado poco en volver a bailar con el delito: se asoci\u00f3 a una red de compatriotas que traficaban inmigrantes ilegales italianos hacia ese pa\u00eds. Lo descubrieron demasiado pronto y le dieron una condena a<strong>\u00a0dos a\u00f1os de c\u00e1rcel.<\/strong><\/p>\n<p>Al salir de prisi\u00f3n, decidido a no volver a una celda pero sin mucha convicci\u00f3n para evitarlo, se entreg\u00f3 al siempre espinoso camino de los sentimientos: se cas\u00f3 con Rosa Grecco, la hija de un hombre acaudalado. Durante un tiempo pudo vivir la vida que so\u00f1aba, la de\u00a0<strong>hacer nada con mucho dinero de otro<\/strong>, pero al tiempo se vio enfrentado a la disyuntiva de ser expulsado por su suegro o entregarse al mundo del trabajo.<\/p>\n<div class=\"\">\n<div class=\"image-trigger pointer\" data-index=\"1\">\n<figure><img decoding=\"async\" class=\"img-responsive intelResolution image-modal-trigger\" title=\"El padre de todos los estafadores\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/2018\/04\/13\/BkARRdRjM_720x0__1.jpg\" alt=\"Carlo Ponzi, al ser detenido\" data-index=\"1\" data-big=\"\/\/images.clarin.com\/2018\/04\/13\/BkARRdRjM_720x0__1.jpg\" data-small=\"\/\/images.clarin.com\/2018\/04\/13\/BkARRdRjM_720x0__1.jpg\" \/><i class=\"fa fa-circle fa-stack-2x icon-background1\"><\/i><i class=\"fa fa-circle-o fa-stack-2x icon-background2\"><\/i><i class=\"fa fa-arrows-alt fa-stack-1x\"><\/i><\/figure>\n<p><em>Carlo Ponzi, al ser detenido<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Fue trabajo, pero en sus propios t\u00e9rminos. Le pidi\u00f3 plata a su suegro para alquilar una oficina en el edificio Niles de Boston, le pidi\u00f3 m\u00e1s plata a su suegro para los muebles y le pidi\u00f3 m\u00e1s plata a\u00fan para difundir su idea de hacer una gu\u00eda impresa de comercio exterior.<\/p>\n<p>El resultado fue<strong>\u00a0peor que malo.<\/strong>\u00a0Las empresas se abalanzaron ante su invitaci\u00f3n a publicitar sus negocios en la gu\u00eda, pero s\u00f3lo para escaparle r\u00e1pido. Los meses pasaron sin variantes y la paciencia y los fondos del suegro se fueron agotando.<\/p>\n<p>El d\u00eda en el que todo cambiar\u00eda, los due\u00f1os de los muebles de la oficina de Ponzi avisaron que pasar\u00edan a retirarlos por falta de pago. Harto de resistir, antes de entregarlos el italiano se puso a revisar los pocos papeles que ten\u00eda en los cajones del escritorio cuando se encontr\u00f3 con una carta enviada por una empresa de Espa\u00f1a que le enviaba<strong>\u00a0un cup\u00f3n postal\u00a0<\/strong>destinado a cubrir los costos de una eventual respuesta por medio del correo.<\/p>\n<p>Era la clave.<\/p>\n<p>Ponzi mir\u00f3 el cup\u00f3n con desinter\u00e9s hasta que se dio cuenta de que escond\u00eda\u00a0<strong>la llave de su destino<\/strong>. Era del sistema conocido como Cup\u00f3n de Respuesta Postal Internacional (International Reply Coupon, IRC), una suerte de sello que pod\u00eda ser cambiado en cualquier oficina de correos por la cantidad de estampillas necesarias para pagar el env\u00edo de una respuesta por carta. Y \u00e9stas a su vez\u00a0<strong>se pod\u00edan cambiar por efectivo<\/strong>. Pero la curiosidad no estaba en el sistema, sino en los valores de cambio: el cup\u00f3n comprado a 30 centavos de peseta en Espa\u00f1a equival\u00eda a 5 centavos de d\u00f3lar en los Estados Unidos, lo cual supon\u00eda una ganancia del 10 por ciento para quien lo adquiriera en Europa y lo vendiera en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>La oportunidad que ven\u00eda buscando estaba all\u00ed, frente a sus ojos. Ponzi tom\u00f3 el cup\u00f3n y lo canje\u00f3 por dinero para confirmar sus c\u00e1lculos. Tom\u00f3 el diario y reconfirm\u00f3 que los cupones ten\u00edan una cotizaci\u00f3n preacordada a nivel internacional. Entonces supo que lo \u00fanico que necesitaba para hacerse millonario era inversores que pusieran el dinero para comprar los cupones m\u00e1s baratos en un pa\u00eds y luego venderlos por\u00a0<strong>un valor mayor en el otro.<\/strong><\/p>\n<p>El resto lo ten\u00eda: familiares en Italia -otro pa\u00eds donde se vend\u00edan los cupones a precio ventajoso para \u00e9l- bien predispuestos para salir a comprar los IRC y envi\u00e1rselos; y un amigo que trabajaba en un transatl\u00e1ntico que un\u00eda aquel pa\u00eds con los Estados Unidos, por lo que bien pod\u00eda\u00a0<strong>llevar y traer dinero y estampillas de un lugar al otro.<\/strong><\/p>\n<p>Cuando todo estuvo preparado, a falta de un apellido limpio Ponzi cre\u00f3 una empresa para que se encargara del negocio, la\u00a0<em>Securities Exchange Company<\/em>, que sali\u00f3 al mercado a ofrecer ganancias del 10% en un plazo de 90 d\u00edas. La idea era pedir muy poco dinero a cada inversor, para que ninguno hiciera demasiadas preguntas ni pusiera reparos, y prometer muchos beneficios en poco tiempo como para<strong>\u00a0hacer irresistible la tentaci\u00f3n de la apuesta<\/strong>. Lo ex\u00f3tico del negocio hizo el resto: la plata empez\u00f3 a aparecer, al principio en peque\u00f1as cantidades pero de la mano de una masa entusiasta de inversores.<\/p>\n<p>Ponzi cumpli\u00f3 sus promesas con rigor. En febrero de 1920, el primer mes completo de trabajo, la\u00a0<em>Securities Exchange Company<\/em>obtuvo 5.000 d\u00f3lares. Al mes siguiente eran 30 mil y sesenta d\u00edas m\u00e1s tarde los ingresos ya sumaban m\u00e1s de 420 mil.<\/p>\n<p>Y lleg\u00f3 la publicidad, pero de la buena,<strong>\u00a0indispensable para estos manejos ayer y hoy<\/strong>. El\u00a0<em>Boston Post\u00a0<\/em>public\u00f3 una nota sobre el fen\u00f3meno y los candidatos a inversionista comenzaron a hacer cola en la puerta del edificio de Ponzi. La Polic\u00eda tuvo que armar un operativo especial para ordenar las filas.<\/p>\n<p>A julio de 1920 los ingresos de la firma\u00a0<strong>eran de unos 250 mil d\u00f3lares por d\u00eda<\/strong>. Y segu\u00edan en aumento.<\/p>\n<p>Entonces fue cuando los diarios se pusieron serios. El\u00a0<em>Boston Post<\/em>le encomend\u00f3 a un experto en finanzas que se pusiera a buscarle el defecto a Ponzi. Lo primero que descubri\u00f3 el especialista fue un dato intrigante: el italiano\u00a0<strong>invert\u00eda el dinero de otros, pero no pon\u00eda en riesgo un s\u00f3lo centavo propio<\/strong>. Es decir, que no parec\u00eda confiar en las maravillas del negocio que ofrec\u00eda.<\/p>\n<p>El segundo dato fue m\u00e1s complicado: una simple cuenta le permiti\u00f3 darse cuenta al especialista de que, para responder a las inversiones de sus clientes, Ponzi<strong>\u00a0necesitaba comprar unos 160 millones de cupones postales<\/strong>. Pero en el mundo s\u00f3lo se hab\u00edan emitido 27.000.<\/p>\n<p>Algo no cerraba.<\/p>\n<p>El diario public\u00f3 su investigaci\u00f3n y una multitud se reuni\u00f3 frente a las oficinas de Ponzi, pero no para invertir su dinero sino para reclamar el ya invertido. El italiano, carism\u00e1tico,\u00a0<strong>reparti\u00f3 caf\u00e9 y facturas y logr\u00f3 calmar a la mayor\u00eda<\/strong>. Enseguida, anunci\u00f3 una demanda contra los autores de la nota period\u00edstica y asegur\u00f3 que lo criticaban porque no entend\u00edan su f\u00f3rmula secreta para los negocios.<\/p>\n<p>La publicidad, ahora mala, lo dej\u00f3 tambaleando. Sobre todo porque atrajo la atenci\u00f3n del fiscal general de los Estados Unidos, que orden\u00f3 hacerle una auditor\u00eda. Ponzi dej\u00f3 de tomar nuevas inversiones con la excusa de enfrentar el peritaje, pero tambi\u00e9n dej\u00f3 de pagar los intereses. El\u00a0<em>Boston Post\u00a0<\/em>descubri\u00f3 sus antecedentes penales, los public\u00f3 y todo se vino abajo.<\/p>\n<p>Se calcula que para entonces el italiano<strong>\u00a0hab\u00eda obtenido unos 20 millones de d\u00f3lares, una cifra equivalente a unos 225 millones de hoy<\/strong>\u00a0en d\u00eda.<\/p>\n<div class=\"\">\n<div class=\"image-trigger pointer\" data-index=\"2\">\n<figure><img decoding=\"async\" class=\"img-responsive intelResolution image-modal-trigger\" title=\"El padre de todos los estafadores\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/2016\/11\/18\/BkzAs0nt4x_720x0.jpg\" alt=\"Enrique Juan Blaksley, famoso empresario acusado por una estafa millonaria estafadores estafas\" data-index=\"2\" data-big=\"\/\/images.clarin.com\/2016\/11\/18\/BkzAs0nt4x_720x0.jpg\" data-small=\"\/\/images.clarin.com\/2016\/11\/18\/BkzAs0nt4x_720x0.jpg\" \/><i class=\"fa fa-circle fa-stack-2x icon-background1\"><\/i><i class=\"fa fa-circle-o fa-stack-2x icon-background2\"><\/i><i class=\"fa fa-arrows-alt fa-stack-1x\"><\/i><\/figure>\n<p><em>Enrique Juan Blaksley, famoso empresario acusado por una estafa millonaria estafadores estafas<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Su secreto era el mismo que, d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, utilizar\u00edan Madoff y, seg\u00fan cree la Justicia, el argentino Blaksley: no hab\u00eda negocio ni inversi\u00f3n, s\u00f3lo una estafa mediante un esquema piramidal. El truco consiste en ofrecer ganancias extraordinarias para captar fondos, pagarles los \u201cintereses\u201d prometidos a los primeros inversores con lo que ponen los nuevos y mantener la rueda funcionando para que todos reinviertan sus \u201cganancias\u201d y generen\u00a0<strong>el boca a boca indispensable\u00a0<\/strong>para atraer a m\u00e1s y m\u00e1s clientes. El esquema siempre se cae cuando todos los inversores se presentan al mismo tiempo a reclamar el capital invertido, algo que suele ocurrir en momentos de crisis econ\u00f3mica -como le pas\u00f3 a Madoff en 2008- o en el largo plazo, cuando el autor del enga\u00f1o ya retir\u00f3 tanto dinero para provecho propio que\u00a0<strong>no puede afrontar los pagos m\u00ednimos<\/strong>.<\/p>\n<div class=\"\">\n<div class=\"image-trigger pointer\" data-index=\"3\">\n<figure><img decoding=\"async\" class=\"img-responsive intelResolution image-modal-trigger\" title=\"El padre de todos los estafadores\" src=\"https:\/\/images.clarin.com\/2018\/04\/12\/S1ZyAd0sz_720x0__1.jpg\" alt=\"Bernard L Madoff camina por una calle de New York en diciembre de 2008, en pleno esc\u00e1ndalo\" data-index=\"3\" data-big=\"\/\/images.clarin.com\/2018\/04\/12\/S1ZyAd0sz_720x0__1.jpg\" data-small=\"\/\/images.clarin.com\/2018\/04\/12\/S1ZyAd0sz_720x0__1.jpg\" \/><i class=\"fa fa-circle fa-stack-2x icon-background1\"><\/i><i class=\"fa fa-circle-o fa-stack-2x icon-background2\"><\/i><i class=\"fa fa-arrows-alt fa-stack-1x\"><\/i><\/figure>\n<p><em>Bernard L Madoff camina por una calle de New York en diciembre de 2008, en pleno esc\u00e1ndalo<\/em><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Nunca se sabr\u00eda en qu\u00e9 momento Ponzi dej\u00f3 de comprar los sellos postales y se dedic\u00f3 directamente a ejecutar su esquema piramidal. Seis bancos quebraron por sus maniobras, que lo obligaron a afrontar un juicio por fraude postal en el que<strong>\u00a0fue condenado a cinco a\u00f1os de c\u00e1rcel<\/strong>. Sali\u00f3 de la c\u00e1rcel a los tres y medio, pero s\u00f3lo para enfrentar 22 cargos por latrocinio (estafa), en tres nuevos juicios. Ya sin dinero, no pudo pagarse un abogado y apost\u00f3 todo a su encanto personal. A\u00fan as\u00ed le dieron una pena a nueve a\u00f1os de c\u00e1rcel, que eludi\u00f3 durante un tiempo que dedic\u00f3 a cometer una nueva estafa vendiendo terrenos en Florida que resultaron ser pantanos. Lo descubrieron e<strong>\u00a0intent\u00f3 huir a Italia en un barco, pero lo atraparon en Nueva Orleans.<\/strong><\/p>\n<p>Reci\u00e9n en 1934 pudo dejar la c\u00e1rcel. Consigui\u00f3 trabajo en una aerol\u00ednea italiana y empez\u00f3 a trabajar en la ruta a Brasil, pero el empleo formal no era lo suyo. Rosa, su esposa, lo hab\u00eda dejado y \u00e9l termin\u00f3 viviendo en R\u00edo de Janeiro, donde muri\u00f3 solo y pobre el 18 de enero de 1949.<\/p>\n<p>Ese,\u00a0<strong>el solitario final<\/strong>, fue el \u00fanico cap\u00edtulo del gui\u00f3n de su estafa que no logr\u00f3 perfeccionar. En cambio sus seguidores, al menos la mayor\u00eda de los que se han conocido en la Argentina, siempre han logrado destinar una parte de las ganancias obtenidas a comprar las voluntades necesarias para abreviar la visita a la c\u00e1rcel y dedicarse a disfrutar del bot\u00edn con tranquilidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Publicado originalmente en <a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/policiales\/padre-estafadores_0_Hypn5_RsG.html\">Clarin<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lleg\u00f3 a los Estados Unidos con dos d\u00f3lares y medio en efectivo y\u00a0un mill\u00f3n en esperanzas. 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