Desde los albores de la organización institucional siempre ha sido motivo de fronteras difusas, con territorios opacos, la importancia, la modalidad y el alcance que posee la educación en el desarrollo sostenido de una nación. Sarmiento recalcaba la relación simbiótica que existía entre el progreso de una República y la capacidad de sus habitantes.
El “ Padre del Aula “propuso que la educación primaria debía estar por encima de cualquier otra. Los maestros serían los soldados en esta Cruzada. Los caracteres de la escuela popular de Sarmiento – más allá de la verba inflamada en las discusiones que, sobre el particular, sostuvo con Alberdi – sentaron las bases para la creación de la ley 1420: obligatoriedad escolar, gratuidad de la enseñanza, graduación de la instrucción y autonomía del gobierno escolar.-
Creemos que algunos de esos apotegmas deben amplificarse hacia la formación en las carreras universitarias donde – así como Sarmiento empavesara una empresa dirigida hacia la consolidación de la Educación Primaria – , nosotros desde nuestros espacios (tanto en el grado como en el posgrado ) debemos abordar amplificar las enseñanzas de género.
Dicha ruta se ha ensanchado, en lo personal, en función de una nueva beca con la que me galardonara la Universidad del Museo Social Argentino para abordar la “ Especialización en Violencia familiar “ que me permitiera alimentar una expedición posee como perno poner un límite al patriarcado.-
En particular, en los cursos de posgrados emprendido y a emprenderse en San Salvador de Jujuy – por mencionar solo una de las provincias donde se aplica esta nueva mirada – durante los años 2017 y 2018, bajo la responsable tutoría de la Fundación Magister, en comunión con la Universidad de Belgrano, insistimos, hasta el hastío, en la necesidad de que la lucha contra el régimen patriarcal sea abordada de manera transversal.
Destaco que hago particular hincapié en la primera habida cuenta que – mas allá del afecto recíproco que me une con la mayoría de su comunidad jurídica, judicial y Académica jujeña – ya había destacado, en el Diario “ El Tribuno “ del 17 de mayo del 2014 – que Jujuy poseía buenos profesionales formados en la ciencia penal y muchos colegas con interés de progresar en el tema.
En diversas columnas consignadas en periódicos de difusión masiva, hemos predicado hasta el cansancio la necesidad de amplificar las políticas de género; hemos criticado de manera extendida el orden físico o a preeminencia fisiológica del hombre que impuso un orden social que excluyó a las mujeres de las tareas más nobles, las condujo hacia las inferiores, las derivó hacia mezquindad en función de su condición biológica.
Destacamos, también, que ha habido una cooperación femenina implícita o explícita en este proceso; los dominados aplican a las relaciones de dominación una categoría construida que hace aparecer a esta relación de mando y obediencia como natural. La lógica de la dominación masculina y de la sumisión femenina, como dice Pierre Bourdieu, responde a esquema de impetuosidad y de espontaneidad. Se verifica en el orden social que se ejerce sobre las mujeres. La fuerza simbólica es una fuerza de poder que el patriarcado ejerce directamente sobre el cuerpo.
Debemos sumarnos todos – desde la Cátedra, la literatura y la labor jurisdiccional – a esta verdadera travesía que despeje los burdos y petisos escalones que se anidan en los rasgos patriarcales que aún perviven y que remiten a una distribución desigual del poder entre hombres y mujeres en la cual, con una moral seráfica, los varones dominan las retículas mas sensibles de los aspectos sociales debiéndose recoger las enseñanzas de Simone de Beauvoir, en cuanto a que la historia no gira en redondo y que debe erradicarse la casta de la inferioridad. La libertad debe romper ese círculo y, en la medida en que le asignen responsabilidades a la mujer, esta sabrá asumirlas. Liberar a la mujer es negarse a encerrarla en las relaciones que la sostienen con el hombre, pero no negarlas; su verdadera liberación significa romper las cadenas de esta forma de esclavitud moderna que alcanza a la mitad de la humanidad y dirigirse sin equívocos hacia la fraternidad.
No deviene baladí recrear – ya para los tres departamentos en que se divide el poder- las nuevas modalidades que asume el la tarea gobierno en la era de la comunicación; Pierre Rosanvallón es por demás palmario en sus en sus obras “ el buen gobierno “ y “ la legitimidad democrática “ cuando apontoca que el veredicto de las urnas no puede ser el único patrón de legitimidad; el poder no es plenamente democrático sino se somete a las pruebas de control y validación mayoritaria. La democracia de interacción tiene como panoplia la afiliación en un proceso permanente y de reacción “ contra democrática “donde se demanda de las autoridades información, obligando al poder que se explique y que justifique su acción, poniéndolo a prueba, desempeñando el papel de un testigo atento y preocupado que lo lleva a validar o impugnar decisiones adoptadas entre las adquiere latitud las políticas de género.-
Es necesario retornar al sendero del crecimiento sostenido; el camino del subdesarrollo que ha tomado la Argentina esta asociado a una prolífica familia de razones entre la que se destaca la anomia, falta de acatamiento de la ley, la corrupción galopante y la ausencia de políticas de género adecuadas y debidamente financiadas. Los atajos tan propios de los argentinos nos han llevado, algunas veces, a pretender ser lo que nos no somos; en algunos momentos, queremos imitar a las Islas Británicas las cuales – como explican Borges y Alicia Jurado en su “ Introducción a la literatura Inglesa” – eran una colonia de Roma, la más desamparada y septentrional de su vasto imperio, su población era de origen celta, se profesaba la fe en Cristo y las Ciudades hablaban Latín, para luego ser una potencia mundial. En otros tramos, actuamos como pequeño principado periférico, con gestos remilgos, terrecidos o cortoplacistas.-
Cada escuela que no se construye o cada política de genero que se desdeña desemboca en la aprofobia; es nuestra obligación – cada uno desde su especialidad – ampliar nuestra contracción al trabajo no solo desde el esfuerzo hercúleo y frugal, de mejorar la prestación del servicio de educación y de justicia, para los cuales los ciudadanos oblan sus tributos sino, también, asentar nuestro enfoque en dos ejes bien sostenidos : la educación primaria de calidad como una suerte de “poder redentor” y, del mismo modo, el beneplácito que florece si desde los espacios indicados libramos una batalla sin cuartel contra cualquier manifestación de la violencia sexista.-
por Julio C Baez
Juez de Cámara ante el Tribunal Oral Criminal 4 de la Capital Federal










