La letalidad económica del crimen organizado transnacional por Gabriel Iezzi

La desaparición del Estado en aquellos lugares donde las estructuras del crimen hacen pie permiten generar espacios propicios para el reclutamiento de nuevos integrantes de la empresa ilegal

La criminalidad organizada no deja de sorprender. Su versatilidad, contundencia y capacidad de adaptación a escenarios que se creían controlados dan cuenta de su avance sostenido a nivel global. En la región es donde las evidencias se tornan alarmante

Diferentes estudios cuyo eje es el tópico descripto, han centrado su atención en la capacidad económica que estos grupos han adquirido y a atreves de el, su desarrollo y expansión.

Su evaluación por supuesto que no es simple, tampoco completa, ni podría serlo, pues su actividad es subrepticia, dispersando los datos a los que los investigadores pueden acceder para confeccionar los informes que, aunque parciales permiten contemplar la magnitud del desafío, que estas estructuras representan para las democracias modernas, sobre todo, para las incipientes o débiles desde el plano Institucional.

Hace poco tiempo un estudio desarrollado con el auspicio del Complexity Science Hub de Viena, por el investigador Rafael Prieto Curiel, sostuvo que, de acuerdo con modelos matemáticos realizados en su más reciente estudio académico publicado en la revista Science, todos los cárteles Mexicanos combinados tendrían 175 mil miembros, por lo que serían el quinto empleador más grande de ese país.

Estas estimaciones generaron respuestas desde los sectores involucrados en la mitigación y control de la actividad ilícita en México, quienes trataron de desacreditar los estudios efectuados sobre el particular. Lo concreto es que el fenómeno del crimen organizado y la inseguridad ciudadana parecen dar la razón al investigador privado.

El estudio enfoca particularmente sobre las causas que posibilitan a estos grupos criminales seguir creciendo a pesar de las medidas adoptadas por el estado, las que según sostiene son equivocadas o al menos desacertadas; las inaceptables cifras de vidas humanas cegadas por la actividad criminal, la proliferación de la extorsión y modalidades delictivas que se expanden desde el trafico de drogas, hasta el de personas respaldarían sus estimaciones.

Proselitismo criminal y reclutamiento

La investigación permite ver como los modelos de seguridad pública de carácter reactivo, han fracasado, proponiendo en cambio, como alternativa en la lógica de la mitigación de los efectos nocivos de la actividad criminal, los modelos preventivos e integrales de seguridad.

La desaparición del Estado en aquellos lugares donde las estructuras del crimen hacen pie, colonizando sectores donde desarrollan sus actividades, permiten generar espacios propicios para el reclutamiento de nuevos integrantes de la empresa ilegal.

Según el estudio los cárteles de la droga en México reclutan de 350 a 370 miembros a la semana, lo que los convierte en el reclutador más grande del país. Esto coloca a los cárteles en quinto lugar como empleadores en Mexico, después de Fomento Económico Mexicano (la empresa embotelladora más grande del sistema Coca-Cola en el mundo), Walmart, Manpower y América Móvil, y por encima de Pemex y el Grupo Salinas.

La cárcel por sus particulares características en cuanto a la capilaridad ascendente que presenta, es el ámbito ideal donde estas organizaciones articulan el proselitismo criminal y donde mayor capacidad de reclutamiento encuentran. Esto sucede en varios países de la región, pero en Brasil, esta actividad ha registrado máximos históricos a nivel carcelario.

En los tempranos años 80 en la cárcel se formo el Comando Vermelho, estructura que a la fecha contaría con un universo de entre 5000 y 20000 miembros.

Ya en los noventa, quizá la más grande organización delictiva de extracción carcelaria como lo es el Primer Comando de la Capital, irrumpió en la escena criminal brasileña. Hoy es el principal nexo operativo con al menos una de las Mafias mas poderosas del mundo como lo es la n´drangheta o mafia Calabresa. Su particularidad hace a esta organización, diferente al resto de sus homólogos criminales, dado que sus miembros son “bautizados”, actividad esta de fuerte connotación sincrética. A la fecha se calcula que sus miembros oscilan alrededor de los 100.000 integrantes. Estudios recientes de la economía informal de estos grupos delictivos, revelan que “si fuera una empresa, el PCC sería hoy la decimosexta más grande del país, por delante de gigantes como la automotriz Volkswagen.

En Ecuador, los Choneros y una escisión de esta banda, los Lobos emulan en parte lo sucedido en Brasil, generando desde el interior de las prisiones una cantera inagotable de recursos.

En los últimos tiempos no solo recursos humanos han generado detrás de los muros sino también económicos. Estimaciones sobre las estructuras de ambos grupos criminales posicionan a los Choneros con una integración aproximada de entre 15.000 y 20.000 miembros, en tanto que los lobos contarían con una cifra cercana a los 8.000 integrantes.

Venezuela ha hecho lo propio con el letal y sanguinario Tren de Aragua, que no solo domina las cárceles de su país, sino que ha experimentado una evolución transfronteriza, encontrando a través de la inmigración forzada de personas una vía de penetración importante, al menos en Chile. Su estructura, en franco ascenso oscilaría entre los 5.000 y 8.000 integrantes.

Nuestro país no es ajeno a lo que acontece en la región y Rosario es quizá, su ejemplo más dramático.

Evitar la hegemonía de las estructuras criminales autóctonas y desarticular sus nexos con bandas trasnacionales, debería ser una actividad de carácter estratégico a nivel Nacional.

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